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13/12/09

Séver la séver


.nóicartnecnoc adnemert anu atisecen orep ,odinetertne yum sE
.acitcárp ed ogla atisecen olós ,licífid ogla se on otsE
.saedi e senoicpecrep saveun sim a emrarbmutsoca ne ocop oromed em seup
,atenalp orto ne abatse euq abasnep oeuqarret obolg nu aíev euq zev adac Y
.etron olop le odatse rebah aírebed ragul us ne euq y
,odacibu lam abatse rus olop le euq ratpeca rop odnazepme
,azebac im ne odnum la atleuv íD

.abirra 'ap satap abatse atenalp etse euq ídiced odnauc euF
.soña 51 aínet oy odnauc euf otnemirepxe etse odneicah zev aremirp iM
.esarf adac odneitrivni av onu euq opmeit omsim la
,sarbalap sal ed arutcurtse al adot atleuv odnad ribrcse se odacilpmoc sám orep ,reel es licífiD

.séver la ribircse a ídnerpa odnauc euf secnotnE

Uno puede intentar invertir también párrafos enteros, incluso capítulos enteros, pero sería complicado, pues se alteraría el sentido completamente y siempre estaríamos leyendo del final al principio. De todas maneras es un buen ejercicio.

.ratse arap azebac artseun ajile ragul éuq ed olós odneidneped

ragul us napuco orutuf le y odasap le euq rednetne a someugell sáziuq ísA

14/4/09



«Hace cinco meses falleció mi hermano. Ha sido un golpe terrible para todos los que le queríamos, del que nos va costar mucho recuperarnos.
Y ya tengo claro que el consuelo no va a llegar precisamente de algunas entidades. A las pocas semanas del suceso decidí llamar a Telefónica para rescindir su contrato con esta compañía, en vista de que las facturas -que cargan un mínimo aunque no haya uso- seguían llegando. Y entonces comenzó la pesadilla. Interminables trasvases de operadora en operadora, con episodios tan macabros como el de aquella que, inmersa en sus automatismos, me preguntó cuál era la razón por la que quería dar de baja esa línea... 30 segundos después de revelarle que mi hermano había muerto. Armado de paciencia, alcancé el departamento de bajas, donde una señorita de discutible amabilidad me exigió que le enviara el certificado de defunción, la declaración de herederos, una carta y no sé cuántas cosas más. Y me temo que este episodio se repetirá con otras compañías. He decidido no hacer nada. Llegan cartas que dicen que si se alcanzan tres meses de impagos, le buscarán y le pondrán en la lista de morosos. A ver si es verdad que le encuentran.
Más allá de la brutal deshumanización a la que estamos llegando, todo este asunto me lleva a una conclusión que si no fuera tan desesperanzadora, movería a la risa: en el siglo XXI resulta infinitamente más fácil morirse que desaparecer del mundo comercial.»



Extraído de "Morir en el siglo XXI" de Manuel del Campo. Carta del lector en el El País (30/12/2006)